PRÓLOGO
En esta maravilla dolorosa que es la vida, en esta maravilla que nos cuesta tanto, en esta maravilla que nunca terminaremos de celebrar, en esta maravilla que tenemos entre nuestros huesos, carne, pelos, piel, uñas, pestañas; nos alegra saber que podemos caminar, mirar, oír, palpar, oler, saborear y nos alegra más saber que podemos pensar, recordar, decidir, elegir.
Pero, muy pocas veces reparamos en la más maravillosa de nuestras facultades: podemos sentir. Somos las antenas más sensibles que existen y... sentimos en todas las variadas gamas del espectro sensitivo, desde el dolor que nos produce un pisotón hasta la euforia que nos encandila con el primer amor, o la desesperanza con que nos martiriza el desamor.
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